El postulado de doblar el tamaño del SGP en el acto legislativo 437 de 2024 sería un paso más que adecuado para que Colombia pueda salir de su condición absolutamente centralista y urbanista; y pueda romper con el ‘archipiélago de ciudades’ -exitosas en gran medida- para alcanzar los campos y territorios que claman por recursos y decisiones de Bogotá.
La iniciativa del acto legislativo, según algunos, empieza en Antioquia, motivada por la negativa del gobierno de girar los recursos para finalizar, entre otros, el túnel del Toyo, y por el entusiasmo de los congresistas en general de hacerse con esos recursos para las regiones donde reinan.
Sin embargo, como se ha indicado ya en muchos medios, tres son los grandes deméritos de la iniciativa:
1. Tal como está planteada, dejaría al gobierno central en una crisis fiscal asegurada en muy poco tiempo; el ministro Bonilla ha sido el primero en advertirlo, respaldado por una fila de economistas de alto calibre. a. hubiera sido adecuado que se ejecutara de manera progresiva, b. y, por lo menos en doble del tiempo, c. con indicadores de calidad de vida que demuestren el impacto de las ejecutorias por región, de modo que asignen mayores recursos a dichas regiones.
2. Las funciones deben anteceder al presupuesto: ¿en qué se van a gastar esos recursos? Ninguno de los defensores o promotores del acto legislativo lo ha planteado. Parafraseando a Darío Echandía, ¿y, la plata, para qué?
3. Los entes territoriales carecen de un control fiscal adecuado, despolitizado, o que no esté al servicio de los politiqueros de los territorios, más allá de ser un centro de extorsiones o favores cobrables. Los recursos podrían irse por la misma alcantarilla por donde La Guajira -en manos de los Kiko Gómez y compañía- ha ‘dilapidado’ 4.000 millones de dólares en 40 años, producto de las regalías del carbón para sus municipios y el departamento.
Jorge Orlando Melo, en un artículo descriptivo y ameno sobre la historia de Colombia, concluye esta semana cómo, al aumentar la descentralización con la Constitución del 91, el clientelismo se desbordó.
Y es un bandazo de rechazo al gobierno, uno de los tantos que tememos en caso de que gane la extrema derecha y luego de nuevo, la extrema izquierda; así no podemos permitir que se balancee el péndulo político. Ya hubo uno para hacer “trizas la paz”, como lo dijo Fernando Londoño ante la posible llegada de Duque al poder en ese momento. De bandazo en bandazo no lograremos los cambios que necesita Colombia. Es el equilibrio ante las acciones extremas de un lado o del otro lo que es esencial para fortalecer la democracia y la institucionalidad.
Este acto legislativo, tal como está, es muy riesgoso. ¡A despertarnos!
* Coda: Muchas de estas ideas las expone Fernando Carrillo en “Defender la democracia ‘Sin Miedo’ desde la Democracia”.
*Publicado en El Colombiano el 12 de noviembre de 2024.