Por estos días, Argos, a través de su presidente Jorge Mario Velázquez, anunció una fabulosa donación a varias universidades de Antioquia para financiar becas. Es una iniciativa extraordinaria que transforma la vida de familias y comunidades.
Cuando uno presencia la transformación en la vida de un estudiante que, gracias a sus capacidades, supera las barreras de un entorno humilde donde sus padres quizá no alcanzaron el bachillerato, se genera una emoción profunda.
Recuerdo que la primera anécdota sobre un becado exitoso me la contó Luis Carlos Galán en Boston, durante una charla en Harvard en 1984. Habló de un joven del entonces Reformatorio de Menores y las peripecias que vivió para que ese joven estudiara. Finalmente, este terminó viviendo en Londres. Esta idea me quedó grabada y, tal vez por eso, en 2010 iniciamos nuestro propio fondo de becas con la Fundación Alquería Cavelier.
Nuestra aventura comenzó con 50 estudiantes de décimo grado de colegios rurales, provenientes de seis provincias de Cundinamarca. Los seleccionamos de un grupo recomendado por rectores, coordinados a través de la Secretaría de Educación de Cundinamarca. Trajimos a estos jóvenes durante dos semanas para que conocieran las universidades de Bogotá y la ciudad misma, a la que pocos habían visitado. Pasaron por cines, museos y parques, y se alojaron en el Seminario San Gabriel de Cajicá. Como todo programa nuevo, los inicios estuvieron marcados por peripecias, incertidumbre y una dosis de quijotismo.
A partir de ahí, reunimos a los estudiantes en las capitales provinciales cada dos semanas, durante ocho horas por dos años, reforzando habilidades socioemocionales, intelectuales y prácticas de estudio. Jerónimo Castro, director de Colfuturo, nos planteó: “¿A dónde irán estos niños maravillosos al graduarse?”. Después de reflexionar, creamos el fondo “Enrique Cavelier Gaviria” en la Universidad de los Andes, además de gestionar ayudas en otras universidades como la Nacional, Javeriana, La Salle, Pedagógica y Sabana.
Recientemente, alcanzamos 529 jóvenes rurales inscritos de las 15 provincias del departamento; de ellos, 227 ya se han graduado, y el 90 % tiene trabajo estable. Los demás siguen estudiando y, al regresar a sus colegios de origen, inspiran a profesores y otros jóvenes con sus experiencias. Dos secretos: buscamos cofinanciadores, como Chía o la Gobernación de Cundinamarca, y decidimos que no fuera a perpetuidad: necesitamos graduados ahora, no en 2070.
Entre estos jóvenes, ocho están estudiando o trabajando en el exterior, tras acceder a becas de Colfuturo o del Estado francés. Destaca Camilo Ramos, de Guaymaral, Chía, quien cursa un doctorado en Física Óptica en París. Otro trabaja en Amazon tras un MBA en Virginia. Además, un joven de Cajicá, graduado de los Andes, terminó su maestría en Georgetown y ahora labora en American Airlines en Dallas.
Muchos también aprovecharon programas como SerPiloPaga o Generación E. Sin embargo, el fondo en los Andes, con 182 estudiantes, ha crecido un 40 %. Esta es nuestra mayor felicidad en Alquería: brindar oportunidades. Deseamos que Argos logre lo mismo con sus colaboradores.
*Publicado en El Colombiano el 8 de diciembre de 2024.