El refrán lo dice todo. Y los políticos tradicionales, si alguna vez lo conocieron, no lo vieron o lo olvidaron a propósito. O, peor aún, aprendieron como buenos cínicos a “dejar así”, a decir “déjelo entrar” … “Y te diré quién eres”: en la política, no dejan de reunirse con cualquiera que les ofrezca unos votos, una dádiva o incluso una avioneta para sus campañas. Y los abrazan, porque el “todo vale” triunfó hace tiempo.

Existe ese grupillo de varias decenas de miles de bandidos que envilecen la política en Colombia, desde los municipios más pequeños hasta las entidades más grandes del orden nacional. Siempre están al acecho de los grandes contratos o protegiendo sus enormes redes establecidas para sacar tajadas o lavar recursos, como en el caso de ‘Papá Pitufo’, versión 50.0 de ‘La Monita Retrechera’.

¿Cuál es el atractivo, ese imán tan especial que, desde sus primeros cargos, los deja sin pudor ni ética para justificar cualquier comportamiento o discurso? Claro, el ansia de poder, que trae consigo un pequeño o gran dinero y la posibilidad de enriquecerse en poco tiempo, sabiendo que el riesgo es mínimo. A lo sumo, algo de casa por cárcel, en una sociedad que pierde a diario el pudor ante las sanciones sociales que deberían representar tales castigos.

Y los bandidos, como sucedió con los ‘Ñoños’, que enredaron a una persona transparente y un extraordinario gerente y profesional a nivel global como Luis Fernando Andrade, saben cómo acercarse a los impecables -y, en algunos casos, ingenuos- con solicitudes aparentemente inofensivas: una llamada al colegio, un regalo para la esposa, etc. ¿Por qué no puede ser la política prístina? Tal vez porque impera el “ganar a toda costa”, y son pocos los que realmente pierden por el ruido de un escándalo o una mala compañía.

Con los políticos, ni siquiera pasar varios anillos de seguridad y polígrafos parece suficiente. Alguna vez le propuse a un candidato presidencial un test para evidenciar las tendencias éticas y de honestidad de una persona y filtrar quiénes podían entrar a su campaña. “¿Quién me va a quedar?”, me respondió.

Por eso es tan crítico observar con quién se reúnen los candidatos, quién los financia y cómo. Quizás deberíamos imponerles bitácoras de reuniones y hacerles un seguimiento detallado, incluida su vida personal que, en política, literalmente, no puede existir. La vida pública es pública y debe ser un ejemplo de liderazgo y comportamiento. ¿Debería la MOE encargarse de esto?

Es en los laisser passer -esos “dejar pasar” que surgen de la desesperación de la gente- donde se incuban los bandazos fuertes y sin compasión, como los de Milei y Musk con su DOGE (Departamento de Eficiencia Estatal). Vienen con hachas a hacer prevalecer la furia pública del desencanto contra la corrupción y los gastos, puestos y contratos superfluos.

Parte de construir un gran equipo es hacerlo con personas probas, que quieran seguir un camino transparente y enfocado en sus objetivos. “Quien persigue dos conejos pierde los dos”, dice un refrán chino. Y aquellos que persiguen el dinero fácil, inevitablemente, dejan de perseguir el bien común.

*Publicado en Portafolio el 18 de febrero de 2025.