En la entrevista que dio Felipe López a Cambio esta semana destaca el concepto de seguridad como una de las debilidades tanto de Cepeda como de de la Espriella.
Sobre el segundo afirma que quedaría estancado buena parte de su planteamiento en el primer combate donde mueran 20 niños. Sobre el de Cepeda, padre de la Paz Total, no le ve avance a la paz con el mismo enfoque.
Pocos violentos entran a negociar, sino están en gran desventaja, máxime que en la guerrilla de hoy hay muy poca o nula ideología. En palabras de sacerdotes que trabajan en esas zonas ya no quedan sino grupos criminales ansiosos de los recursos de la coca y el oro para seguir manejando su negocio violento e ilegal.
El planteamiento de Cepeda viene de su pacifismo radical basado en la conversación, respetable, y a mi haber bastante Gandhiano, con el amor y admiración que le tenemos a su pensamiento. Recordemos que Gandhi prefería conversar con Hitler a luchar contra él, tomara el tiempo que tomara -pero tiempo no tenemos y tampoco tenían los aliados, cada día representaba miles de muertos.
Este sentimiento puede haber nacido -especulo- en parte del liberalismo de los años 50, protector de las guerrillas liberales. Recordemos que Alfonso López Michelsen, en 1958, llevó de suplente al Senado a Juan de la Cruz Varela, famoso guerrillero de Sumapaz.
Y En campaña presidencial de 1974 contrariaba a los conservadores argumentando que el ejército combatiera a la guerrilla: “¿porqué un colombiano le debería disparar a otro colombiano?”.
León Valencia mencionaba hace unos días en una conversación privada que la izquierda colombiana ha sido muy suave con la violencia y que debería ponerse al frente del tema con mayor vehemencia; y tarde o temprano se debe implementar la idea con un ejército moderno y colegiado en derechos humanos pueda combatir a los grupos disidentes sin tener que recurrir a desafueros.
Esa respuesta militar a la violencia, no es la solución definitiva al control territorial (Colombia es única en el continente en no tenerlo); pero es pieza fundamental para la paz.
En ello se basa la ejecución del primer punto de acuerdo de La Habana sobre la implementación de una reforma rural integral: el éxito en La Macarena integrando las comunidades cocaleras a la cadena formal de la agroindustria se estableció en el Plan de Consolidación que hacía muy difícil cultivar coca; y al contrario muy fácil la inclusión de las familias en los planes de integración como ‘Maca’.
Las comunidades rurales prefieren vivir en familia e interactuar con entidades normales y no con grupos armados que los amenacen o los maten por cualquier argumento.
Esto es incluso hoy cierto en el Catatumbo por relatos de sus habitantes. La paz en Colombia se debe implementar con la izquierda o la derecha; y la seguridad de sus habitantes, empezando por los firmantes de paz, no es excluible de plan alguno de gobierno.
Por ello León Valencia afirma que la mejor segunda vuelta, gane quien gane, sería entre Fajardo y Cepeda. Felipe López opina igual, pues evitaría una guerra civil.


