La Pirámide de Maslow

¿Podemos crear pilotos en nuestra sociedad y escalarlos para convertir la autoestima en autorrealización?

A través de su muy conocida pirámide, el psicólogo Abraham Maslow clasificó en el siglo XX las cinco necesidades fundamentales de las personas para llevar una vida plena. La pirámide tiene como base: 1) las necesidades primordiales: la alimentación, el techo, el vestido y la reproducción; 2) la seguridad, la salud y el bienestar en general; 3) una capa con el sentido de familia y comunidad; 4) la autoestima; y 5) la autorrealización para crecer personal, profesional e incluso espiritualmente. 

Como el propósito ocupa un lugar tan central en nuestras vidas en el mundo de hoy, y luego de satisfacer las dos primeras capas de la pirámide de Maslow, creemos que encaja muy bien en las últimas tres: el sentido de familia y comunidad, la autoestima y como motor del crecimiento en la autorrealización. 

El propósito en la vida moderna es esencial, y aún más hoy, cuando el vacío por la falta de sentido afecta a mucha gente y genera una angustia y depresión tales que las enfermedades mentales encabezan la lista de causas de morbilidad en el mundo. El propósito nos lo puede dar la familia, el estudio y nuestra labor en el trabajo. 

Pero en muchos casos, lograr trascender mejorando la vida de otros es una forma de propósito muy poderosa. Pero observemos lo que ocurre dentro de las compañías cuando el trabajo es repetitivo: ¿tiene el producto despachado un beneficio claro para sus consumidores? Se podría decir que sí, en casi todos los casos. 

Sin embargo, si tomamos por ejemplo la industria del cigarrillo o la de armas, ambas tienen un objetivo claro: satisfacer a sus clientes. La industria de armas puede servir para la defensa de instituciones y países, pero también para ataques. ¿Podría entonces tener un auténtico sentido de propósito? Esto es radicalmente diferente a, por ejemplo, un hospital: cada paso en él se da para tratar una enfermedad y prolongar la vida. 

La razón por la que la gran mayoría del personal elige esas profesiones es cuidar a la gente a su cargo; en la medicina hay un amor intrínseco hacia los demás, con una gran dosis de humanismo. Pero más allá del business as usual, ¿opera un hospital gratis a ciertos pacientes con pocos recursos? ¿Tiene un dispensario de bajo costo de medicamentos costosos para ellos? ¿Llega a regiones apartadas para cumplir allí su misión del día a día? 

En ello radica cómo las organizaciones construyen ese sentido de propósito en las dos últimas capas de la pirámide de Maslow: la pregunta es si podemos hacerlo todos mucho más allá del antiguo sentido filantrópico de la monedita al pordiosero. 

¿Podemos crear pilotos en nuestra sociedad y escalarlos para convertir la autoestima en autorrealización y alcanzar modelos de bienestar implementables en toda una región? ¿En buena parte del país? Creo que ese es el momento en que rompemos los techos y el sentido de propósito va más allá de la organización; llega a las personas en su corazón y las llena de orgullo, para que ese día a día se vuelva mucho más sólido en su significado.

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