Cambiar la forma de tratar patologías mentales mantendrá la llama en quienes trabajamos en temas sociales.
Se trata de Cristóbal Colón Palasí, psicólogo español fundador de La Fageda (se lee la Falleda en catalán), una de las organizaciones más humanas de las que jamás he oído.
Cristóbal era descendiente de varias generaciones de sastres de Madrid, y se inició igualmente como sastre en su familia. Según un relato de su propia voz, que le oí en la reunión del Social Enterprise Knowledge Network (SEKN) en Harvard hace algunos años, por alguna razón visitó un asilo de enfermos mentales en 1975 en Cataluña al final del periodo de gobierno de Franco.
Como es de pensar, quedó horrorizado con las condiciones en que tenían a estas personas: aisladas en celdas, algunas encadenadas, con poco o nula ayuda psiquiátrica; era más bien una cárcel o un lugar de retención de estas personas, que claramente no eran tratadas como tales.
Se convirtió muy pronto en psicólogo para dedicarse a ellas y empezó a buscar fórmulas para sacarlas de la situación en la que se hallaban.
En uno de esos ensayos sacó a un grupo en un bus a Olot, más precisamente a la Fageda, un paraje boscoso de ese municipio, donde los distrajo viendo vacas y cabras. Pero no contó con los vecinos, quienes, al ver personas extrañas, mal vestidas y con actitudes poco comunes, llamaron a la policía.
Y efectivamente, llegó la Guardia Urbana del lugar y empezó a preguntarles a los visitantes qué hacían allí; ante sus pobres y poco comunes respuestas, se toparon con el líder, que les explicó que eran enfermos mentales y que estaba tratando de buscar nuevas formas de terapia. Al pedirle identificación, dijo efectivamente: “me llamo Cristóbal Colón”, y por naturaleza ahí fue Troya. Llegaron todas las patrullas del lugar en una escena no muy diferente a la creada por Jack Nicholson en el barco con sus compañeros de asilo, en su papel estelar, que le valió el Oscar en 1977 en ‘Un vuelo sobre el nido del Cuco’.
Aclarada la situación en la estación de policía, Cristóbal Colón decidió establecerse con sus pacientes allí, en La Fageda, y montar una fábrica de yogures operada por ellos. ¡Y lo logró!
Hoy más de 500 pacientes con tratamientos mentales importantes laboran como operarios en la fábrica de yogur de La Fageda. Efectivamente, el trabajo diario los distrae y les ayuda profundamente en sus tratamientos.
Cristóbal nos resaltaba aquel día en Boston, muy coloquialmente, que “no todo el tiempo los locos son locos”, ni tampoco los cuerdos somos cuerdos permanentemente. Su labor transformó no solo la psiquiatría, sino la labor social y el alcance de esta en cualquier área. Su poderosa idea nos transforma y nos transformará por siempre a todos.
El tamaño del corazón de Cristóbal Colón, que dejó de latir físicamente hace un par de semanas, lo llevaremos siempre en nuestro espíritu. El haber logrado cambiar la forma de tratar a personas con patologías mentales de una manera tan humana mantendrá viva y muy fuerte la llama en quienes trabajamos en temas sociales.
Que descanses en paz, Cristóbal; nos toca al resto seguir tu ejemplo en tantas áreas en las que trabajamos.
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